Son las 19:45 de este lunes y aún acabo de empezar a escribir esta entrada del blog. Informes, vacuna del niño, fisioterapeuta, llantos, obras en casa y un fin de semana fuera, me llevaron a esta situación. Me recuerda a aquellos odiosos domingos por la noche, terminando los deberes en una frenética carrera contra reloj amenizada con las sonoras voces de mi madre de fondo reclamándome el no tenerlos hechos desde el viernes.Gritos y llantos del niño, discusión con el de la obra por la chapuza que acaba de hacer (esto es como el trabajo salvo que tienes que pagar tú) y una frase muy de moda acude a mi mente como un martilleo: «Keep calm and carry on» («Mantén la calma y sigue adelante»).
La verdad es que no sé por qué pienso en esta frase si le tengo manía. No me suelen gustar ese tipo de modas aunque ésta, en particular, tiene un origen llamativo y que probablemente desconoce la mayoría de la gente que lleva una camiseta, bebe de una taza o compra cualquiera de los muchos objetos del ingente merchandising resultante de este lema o uno de sus numerosos derivados.
Y es que resulta que los flemáticos británicos, allá por el año de 1939, en los albores de la Segunda Guerra Mundial, crearon un poster con la ahora recurrida frase, buscando subir la moral de la ciudadanía que vivía bajo amenaza de una invasión inminente. Sin embargo, al contrario de lo que se podría pensar hoy en día a la vista del éxito comercial, aquel póster apenas fue conocido y no fue hasta el año 2000 que éste fue redescubierto y usado como motivo de decoración.

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